
Oscar Santillán es un artista cuya práctica se activa desde la curiosidad como método. Explora los cruces entre ciencia, saberes ancestrales y la vitalidad latente en todas las formas de existencia, incluso aquellas consideradas inertes.
En el centro de su trabajo se sitúa el "Anti-mundo": un campo de pensamiento que propone la coexistencia de múltiples realidades dentro de nuestra condición planetaria. Su obra proyecta a Ecuador como un territorio múltiple: no fijo, sino en constante transformación.
Video, sound, color, 8 min.

Crisálida, 2025
Las imágenes de la serie Antimundo desafían las concepciones binarias de lo "natural" y lo "artificial" que hemos heredado de la ciencia occidental. En el siglo XVIII, el Systema Naturae de Carlos Linneo organizó el mundo en los reinos animal, vegetal y mineral, estableciendo distinciones taxonómicas que aún hoy moldean la forma en que se clasifica la vida. Al rechazar estas distinciones coloniales, la obra de Santillán insiste en que todos los elementos forman parte de un todo cósmico. En la serie Antimundo, las fronteras entre territorios se desvanecen, mientras los elementos visuales permanecen profundamente ambiguos.


Placenta, 2026
Tomando como base las placas base de computadoras —el sistema de circuitos primordiales de un ordenador—, el artista despoja a la maquinaria de su función mediante el corte y el lijado de cada uno de sus componentes, hasta que su superficie revela un paisaje inexplorado. Los nodos electrónicos se transforman en patrones de apariencia mineral, exponiendo lo que el artista llama una "tecnogeología". Las placas aparecen menos como instrumentos de computación y más como fragmentos de un mundo nuevo, uno moldeado por una transformación planetaria que nos muestra cómo dispositivos increíblemente sofisticados son metabolizados de vuelta a la materia prima.
Medulla, 2026
Esta instalación conforma una ecología escultórica animada por una vitalidad planetaria. Blister activa imaginarios que integran "anomalías" ambiguas: entidades animal-planta se combinan con conductos que contienen ADN alienígena (material genético humano modificado con algoritmos cosmológicos) y una estructura de aluminio que reactiva antiguas iconografías de cometas.
En conjunto, estos elementos evocan la vida como un continuo que se extiende más allá de la atmósfera terrestre. Partiendo de la abundancia botánica de la región del Chocó, desde Panamá hasta Ecuador, así como del orquideario cuidado por sus padres y sus intercambios con astrofísicos en los Países Bajos, Santillán evoca un mundo en constante transformación, donde convergen la intimidad, la cosmología y el deseo terrenal.

